Pienso mucho. Espero tener suerte y morirme pensando, o siendo capaz de hacerlo. Es mucho pedir en tiempos de Alzheimer, vacas locas y sociedad no-pensante. Si tuviera que decidir cuál es el mayor pecado de nuestro mundo, e incluirme en él, diría que, por defecto, es no pensar y, por exceso, la cobardía. Cualquiera de los dos puede ser imperdonable cuando se está dotado de las cualidades necesarias para evitarlo. Y ampararse en modas y mayorías no es justificación ni atenuante.
Pensar no es agradable. Pocas veces conduce a la risa o a la alegría y casi nunca al consuelo. Pensar, generalmente, es una fuente infinita de planteamientos no resueltos, cuestiones por aclarar, dificultades, problemas y preocupaciones que, y aquí radica su valor, sólo se pueden resolver pensando. Y si no resolver, como mínimo aclarar, para no tomar por solución lo que no es más que maquillaje.
El Comité de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres y Hombres de la Asamblea Comunitaria del Consejo de Europa propone despenalizar el aborto. Leo expresiones dudosas, como que “debe permitirse a las mujeres la libertad de elección” o “garantizar el acceso efectivo de las mujeres a este derecho” y, como persona, calificativo que entiendo que debe estar por encima de otras particularidades (como lo son el hecho de tener un sexo u otro, una edad u otra) pierdo un poco más de fe en el ser humano. Es evidente que, ideologías aparte, este es el inicio de la despenalización total, amparada por todos los políticos, puesto que en el fondo no es más que un medio barato y efectivo de dar carnaza al pueblo.
No me apetece entrar en argumentaciones incomprendidas y que, sin venir a cuento, son tildadas automáticamente de retrógradas o, en el mejor de los casos, conservadoras. Déjenme decirles que los razonamientos no se discuten con adjetivos calificativos, aunque la falta de formación haga que esta sea una vía lo suficientemente efectiva y espectacular para no buscar verdades.
Entiendo que la despenalización del aborto conducirá a la exculpación del doctor Morín. Supongo que nadie, nunca más, se apenará de que a un no nacido de ocho meses y medio de gestación le hayan inyectado una sustancia en el corazón con el objeto de parárselo, de modo que, una vez fuera, dé menos pena arrojarlo a la basura. No veo por qué hay que escandalizarse tanto, ni entiendo que sea menos grave aspirarlo antes de la semana veinte. Comprendo que no es lo mismo ver que no ver. Pero el hecho de ver o no, de sentir o no, de saber o no, no es más alentador para el que dos semanas después o al cabo de unos meses hubiera tenido la oportunidad de ver la luz. Eviten aquello de “depende de cuando consideres que es una persona”. Yo no considero nada, sólo sé que esperando nace un niño, o no, que la decisión no es suya, y que legalmente se clama por su desprotección absoluta, o aún más vil si lo piensan (¿ustedes piensan?), se está pidiendo algo parecido a la esclavitud: su dependencia exclusiva de los deseos de una persona.
Vale. Hacia eso vamos. Es el primer paso de un largo camino. El que solicitará la despenalización total de la eutanasia, decidida lógicamente por el cuidador, que también tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que le plazca. Y díganme que no es mejor irse de cañitas pagadas (con la herencia del finado) que estar junto a su cama limpiando babas y cosas peores. Puro pragmatismo. Y más adelante la eugenesia. Como Hitler que, después de todo, va a resultar un visionario. Ah, sí, tienen razón: Hitler sólo se lo aplicaba a los judíos, ahora nos limitamos a los que se hallan en proceso de gestación. Una simple cuestión de formas. Qué hipocresía.
Oigan, les sugiero que pasen de mí. De hecho no pienso leer ni un solo comentario a esta columna (si los hay, que lo dudo). He pensado suficiente y sigo haciéndolo para anticipar casi todo lo que puedan decirme. En realidad, me encantaría que alguien pudiera sorprenderme. No vale la casuística: para ella no se elaboran leyes generales. Tampoco valen trucos de trilero, no me suelten el rollo de los derechos y de la igualdad. Derecho es poder estudiar, trabajar, tener comida, vivienda, sueldo a fin de mes, y respeto. En cuanto a la igualdad es una suprema estupidez que no existe, aunque se la hayan inventado cuatro espabilados para medrar y no molestarse en explicar qué es, qué significa y qué consecuencias tiene la ecuanimidad.
Estoy esperando pacientemente a que, basados en una falsa libertad, se apruebe esa denigrante ley. Después atrévanse a utilizar los términos sensibilidad y violencia, porque estaré encantada de explicarles, por escrito o cara a cara, el significado de la palabra “infamia”.
1. Nunca nadie puede decidir sobre la vida de otra persona, ni sobre la vida de una futura persona, hasta eso estoy de acuerdo. Pero que consecuencias tendría el no aprovar esa ley? Más clínicas clandestinas? Más muertes de mujeres en manos de cirujanos piratas?
Creo que marcando unas pautas, unos tiempos, todo tiene solución. Lo que esta claro que un niño que deberá enfrentarse a un mundo cruel, debe nacer en las mejores de las condiciones, ser querido, deseado y si las circustancias, sean las que sean, hacen que no sea así. Se podría interpretar el aborto como una solución.
Dices que no vale la casuística, pero como se puede defender una idea sin intentar abarcar todos los casos, ya que en caso de una violación, si que esta aprobado el aborto.
Mi pregunta es: ¿Ese tipo de gestación tampoco tendría que ser parada?
Un saludo Valentina!!!!