Impre-siones de un Contemplador
Qué mal funciona este mundo, me parece a mí. Las cosas más necesarias están por inventar. Somos muchos los solitarios que vemos la televisión en nuestras celdas, y no sabemos donde ir a encontrarnos, con quien compartir esa película, esa cena, todas esas cosas sencillas y hermosas que quedan como deshinchadas por el plomo de la soledad.
Vi recientemente un corto o documental del 60 del francés Maurice Pialat, hablaba del aburrimiento de los suburbios, de la carencia de institutos, teatros, etc, en comparación con el centro. Acumulaba imágenes de desolación, de parajes vacíos. ¿Os suena de algo, cosladeños? Bueno, ya no estamos en el 60, hay centros culturales, talleres, etc., pero la vida todavía escasea por los suburbios, o está encerrada en las habitaciones, en los núcleos familiares, en la rutina de la supervivencia.
Sería bueno que existieran recursos para cuando uno quiere conocer gente, hacer nuevos amigos, buscar el amor o simplemente asomarse al mundo, dejar de vivir sólo en una parte muy pequeña de él. Parece que la única opción que hemos desarrollado para el disfrute es el consumo, cuando lo más fascinante somos nosotros mismos, nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestra creatividad. Entramos en la cola de un cine para ver las películas del imperio, consumimos nuestras palomitas y salimos del edificio nuevamente solos, nos hemos distraído. No es que esté mal, pero de vez en cuando podíamos ser nosotros también los protagonistas.
Me gustaría que en Coslada hubiera también muchos cursos de teatro, de guión y de literatura, que hubiera un cine-club y un bar en el que poder escuchar buena música. Un taller de literatura y asociaciones para mejorar nuestra calidad de vida, para cambiar nuestra realidad. Hay cuarenta supermercados y setenta bancos, electrodomésticos inútiles y telebasura, pero no hay una tertulia a la que unirse cuando uno se cansa de sus propios pensamientos.
Bueno, sé que hay muchas de las cosas que hecho de menos ahora, sólo que hay que buscarlas más, y que escasean, o hay que empeñarse en crearlas. Sólo he dejado suelta mi imaginación y he soñado un sitio un poco más cálido para vivir.

